Un derecho relativo en teoría y nulo en la práctica
Vivimos, en la actualidad en un mundo globalizado. Todo gira entorno a la comunicación y a las necesidades que ella satisface a través de los medios masivos de comunicación y el ejercicio responsable de los profesionales del periodismo.
Por tal motivo, cuando leemos algún artículo en la prensa o vemos un reportaje en la televisión, recibimos información con diversos enfoques, opiniones y puntos de vista, algunas quizás de nuestro agrado y otras con inclinaciones radicales que no son parte de nuestras ideologías.
Pero esa forma de expresar lo que queremos, lo que sentimos y lo que está sucediendo es precisamente el ejemplo más claro de libertad, “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión” artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
No obstante este derecho es relativo en teoría y nulo en la práctica, muchos periodistas cuya labor ha sido informar veraz y oportunamente a las personas de lo que sucede a nuestro alrededor han sido amenazados de muerte, secuestrados, y en los casos más extremos asesinados.
En los albores del siglo XXI el mundo se desangra en innumerables guerras, sus motivos son confusos o escondidos tras la mascara de la lucha contra el terrorismo o la búsqueda del socialismo de Marx, en medio de una atmósfera donde se respira desigualdad social y corrupción.
Lo único cierto de todo esto es que la sociedad en general paga las consecuencias del sometimiento de los gobiernos autoritarios, de los grupos extremistas, terroristas, que quieren que sus atrocidades nunca se conozcan, pero la labor de los periodistas está sujeta a presiones, pero trabajaremos superando esas presiones. Algunos osados héroes hacen caso omiso a las amenazas y se montan en un tren cuyo único destino fijo es el exilio, un secuestro o simplemente asesinarlos para silenciar a quienes ponen en peligro sus intereses.
Ese es el crudo contexto de nuestros días, de nuestra sociedad, donde los predadores de la libertad de prensa tratan de obstruir la realidad, de cubrir con un manto de sangre y dolor sus acciones, ya sean los narcoterroristas en Colombia, los gobiernos autoritarios en Asia, los actores de la violencia en Medio Oriente, Chávez en Venezuela Fidel y Raúl Castro en cuba, sea quien sea la realidad es triste y con un futuro no muy prometedor.
Las violaciones a la libertad de prensa parecen no tener fin y muchos periodista pierden su vida en pleno ejercicio de su labor, el caso más reciente que conmovió a la opinión mundial fue el asesinato del periodista cingalés Lasantha Wicrematunge, asesinado por denunciar la atrocidades de la guerra en Sri Lanka, la presunción de que el Gobierno cingalés está detrás del asesinato de Wicrematunge, es muy probable. Así lo dejó escrito en un conmovedor obituario publicado por el Sunday Lider tres días después de su asesinato.
La lista es extensa muchos mártires de la verdad están hoy desaparecidos asesinados o secuestrados en algún lugar del globo esperando que quizás sean liberados.
Los intereses políticos, económicos de los predadores de la libertad de prensa no han de oponerse a la libertad de expresión a la libertad de hacer llegar al mundo la realidad de una manera objetiva, clara, con el propósito de crear un espacio de pensamiento racional en medio de las bombas y de las balas cruzadas.
Por tal motivo, cuando leemos algún artículo en la prensa o vemos un reportaje en la televisión, recibimos información con diversos enfoques, opiniones y puntos de vista, algunas quizás de nuestro agrado y otras con inclinaciones radicales que no son parte de nuestras ideologías.
Pero esa forma de expresar lo que queremos, lo que sentimos y lo que está sucediendo es precisamente el ejemplo más claro de libertad, “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión” artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
No obstante este derecho es relativo en teoría y nulo en la práctica, muchos periodistas cuya labor ha sido informar veraz y oportunamente a las personas de lo que sucede a nuestro alrededor han sido amenazados de muerte, secuestrados, y en los casos más extremos asesinados.
En los albores del siglo XXI el mundo se desangra en innumerables guerras, sus motivos son confusos o escondidos tras la mascara de la lucha contra el terrorismo o la búsqueda del socialismo de Marx, en medio de una atmósfera donde se respira desigualdad social y corrupción.
Lo único cierto de todo esto es que la sociedad en general paga las consecuencias del sometimiento de los gobiernos autoritarios, de los grupos extremistas, terroristas, que quieren que sus atrocidades nunca se conozcan, pero la labor de los periodistas está sujeta a presiones, pero trabajaremos superando esas presiones. Algunos osados héroes hacen caso omiso a las amenazas y se montan en un tren cuyo único destino fijo es el exilio, un secuestro o simplemente asesinarlos para silenciar a quienes ponen en peligro sus intereses.
Ese es el crudo contexto de nuestros días, de nuestra sociedad, donde los predadores de la libertad de prensa tratan de obstruir la realidad, de cubrir con un manto de sangre y dolor sus acciones, ya sean los narcoterroristas en Colombia, los gobiernos autoritarios en Asia, los actores de la violencia en Medio Oriente, Chávez en Venezuela Fidel y Raúl Castro en cuba, sea quien sea la realidad es triste y con un futuro no muy prometedor.
Las violaciones a la libertad de prensa parecen no tener fin y muchos periodista pierden su vida en pleno ejercicio de su labor, el caso más reciente que conmovió a la opinión mundial fue el asesinato del periodista cingalés Lasantha Wicrematunge, asesinado por denunciar la atrocidades de la guerra en Sri Lanka, la presunción de que el Gobierno cingalés está detrás del asesinato de Wicrematunge, es muy probable. Así lo dejó escrito en un conmovedor obituario publicado por el Sunday Lider tres días después de su asesinato.
La lista es extensa muchos mártires de la verdad están hoy desaparecidos asesinados o secuestrados en algún lugar del globo esperando que quizás sean liberados.
Los intereses políticos, económicos de los predadores de la libertad de prensa no han de oponerse a la libertad de expresión a la libertad de hacer llegar al mundo la realidad de una manera objetiva, clara, con el propósito de crear un espacio de pensamiento racional en medio de las bombas y de las balas cruzadas.
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